Los españoles tenemos la suerte de contar con dos hermosos archipiélagos en nuestra geografía, dos paraísos bien diferentes y cercanos. Cometemos a menudo el error de relacionar estos destinos como adecuados únicamente para el verano, descartándolos en invierno. Y sin embargo, en el caso del turismo de Baleares es este un gran momento para disfrutar de sus encantos dado que el clima es benigno (el suave invierno mediterráneo) y las islas, con sus paisajes, tradiciones y atracciones se nos brindan con un aire más tranquilo y genuino.
En el caso concreto de viajes Mallorca en los meses de invierno el viajero suele asombrarse de lo que encuentra allí. Sí, en Mallorca también hace frío e incluso la nieve suele acudir puntual a su cita en los meses de enero y febrero, aunque generalmente solo se limita a pintar de blanco las cumbres de la Serra de Tramuntana. Las playas se vacían y los paseos marítimos de Palma y las principales localidades costeras se llena de paseantes que acuden a respirar la saludable brisa marina.
Pero en invierno en Mallorca es más recomendable mirar hacia el interior. Es ahora cuando se produce la floración de los almendros, un hermoso espectáculo natural del que podemos disfrutar simplemente recorriendo sin pausa las carreteras de las comarcas del Pla y del Raiguer. Los almendros parecen tocados con una peluca blanca y rosada, ofreciendo imágenes de gran belleza.
Las lluvias de otoño producen que en casi toda la isla, a diferencia del verano, el verde sea el color predominante en la Mallorca rural, el que nos acompañará por las montañas del norte y los campos cultivados del interior. Tradicionales y coloridas fiestas como Sant Antoni o Sant Sebastià llenan de color y alegría a muchas de las localidades mallorquinas, incluida la capital, una atmósfera que solo podemos disfrutar en invierno.
Es también este el momento de lanzarnos a la aventura de saborear la mejor faceta de la gastronomía de la isla, comprar sobrasada artesanal, miel y otras delicias en alguno de los numerosos mercadillos semanales de los pueblos y probar el vino de Binissalem, Santa María o cualquier otro de los pueblos vinícolas de la isla. Porque también se viaja a Mallorca a través del paladar.