Además de sus playas y su genuina naturaleza mediterránea intacta, la isla de Menorca posee otros atractivos que la hacen merecedora de una escapada invernal. Uno de ellos es su patrimonio arqueológico prehistórico y en concreto, las misteriosas Taules.
Las Taules deben su nombre a su forma de mesa (en catalán taula significa mesa). Se componen de dos grandes bloques de piedra en forma de “T”. Algunas de ellas alcanzan hasta 5 metros de altura y hunden su base a dos metros de profundidad. Empezaron a ser desenterradas y estudiadas por arqueológos británicos en la década de los años 30 y aun hoy se desconoce su significado.
Las teorías son numerosas: monumentos funerarios, lugares para ceremonias rituales, observatorios astronómicos… Por supuesto no falta quienes ven en ellas orígenes fantásticos, incluso extraterrestres, y los que aseguran que existen vínculos entre estos megalitos y la civilización egipcia, ya que se encontraron en las inmediaciones de los poblados algunos objetos provenientes del Nilo que, a pesar de todo, pudieron llegar con posterioridad a través de los comerciantes fenicios.
Los lugares donde se levantan las taules son numerosos y accesibles. Además, la visita es gratuita y los paneles e informaciones que las acompañan son muy interesantes y didácticos. Son Catlar, Torre Llafuda y Torretrencada en la zona de Ciudadela, Torre den Gaumes, Torralba den Salord y Torre Llisà Vell en el sur o Binissafullet Nou, Talatí de Dalt y Es Trepucó en Mahón y Sant Lluís son las más destacadas.
Tal vez el invierno sea la mejor época de planear un viaje a Menorca y dejarse seducir por la magia de estos yacimientos que tantos secretos y misterios encierran. Un viaje al Mediterráneo misterioso y salvaje de hace tres mil años.