Le llaman la Ciudad Roja por el color de sus fachadas y tejados, pero en realidad Marrakech está adornada con muchos colores, además de olores, sabores y sonidos. Un majestuoso espectáculo para lso sentidos del viajero.
Para muchos, Marrakech es el verdadero corazón de Marruecos y a us vez, la ciudad cuenta con su propio corazón: la soberbia plaza Djema el Fnaa, simepre viva y llena de gente. El despliegue de colores es tan extraordinario que uno comprueba lo injusto, o mejor dicho lo insuficiente, que resulta apellidar esta mágica ciudad con un solo color. de noche la plaza se ilumina y, con un escenario diferente, continúa el espectáculo: terrazas llenas de turistas, artistas callejeros, antorchas encendidas, música y bailes, puestos callejeros…
Esta ciudad multicolor es uno de los destinos exóticos más cercanos que tenemos los españoles. Es fácil conseguir vuelos baratos a Marrakech y el tiempo en llegar hasta allí es muy corto. Será sin duda lo más parecido a las Mil y Una Noches que podamos tener a nuestro alcance.
Pasear por sus calles es una experiencia fascinante que nos traslada a un mundo y una época míticos: vendedores de fruta, curanderos, asombrosos artistas, músicas evocadoras, dulce confeccionados con miel y almendras, nubes de niños revoloteando a nuestro alrededor, el olor de las delicias de las cocinas que se escapan a la calle, puestos de babuchas, piezas de tela, seda, artesanías locales, ancianos que nos miran desde lejos con ondiferencia mientras saborean un té… Es la magia y la voluptuosidad del zoco. Imposible escapar de él con las manos vacías.
Más allá de las murallas se extiende el barrio de Gueliz, de diseño occidental, levantado por los franceses durante la época colonial y perfecto complemento de la ciudad antigua. La mayoría de los hoteles están aquí. Es el regreso al orden urbano después del encantador caos y los colores de la vieja Marrakech.