Todo viaje a Venecia que se precie debe incluir un paseo a bordo del vaporetto por la laguna veneciana, ese mar interior que rodea la ciudad de los canales delimitado por una serie de famosas islas e islotes: Burano, Sant´Erasmo, Lido… Y sobre todo Murano.
Murano se encuentra apenas un kilómetro al norte de Venecia, desde donde se puede llegar en barco fácilmente. Salvando las distancias, se podría decir que es la hermana pequeña de Venecia, surcada también por un gran canal principal y llena de puentes y elegantes casas. Está lejos del glamour y el brillo de sus palacios y sus evicadoras estampas, pero en compensación Murano guarda el tesoro de su famoso cristal, mundialmente conocido por su delicadeza y belleza, algo que solo podremos encontrar aquí.
Y todo gracias a un decreto de la Serenísima República veneciana del año 1295 que le otorgaba el transferimiento de los talleres de producción de cristal desde Venecia para alejar así el riesgo de incendios en la ciudad, muy frecuentes a causa de los hornos con los que trabajaban.
Si has conseguido vuelos baratos a Venecia y te encuentras pasando unos días en la ciudad no puedes dejar de visitar Murano y acercarte a los talleres artesanales de vidrio y sus tiendas. Durante algún tiempo, Murano llegó a ser el mayor productor de cristal de Europa. La isla se hizo muy famosa en el siglo XVIII por sus arañas de luces. Luego llegó el declive, aunque la cristalería sigue siendo hoy la industria más importante de la isla.
El paseo en barco por la laguna por sí solo ya merece la pena, pero qué mejor que una parada en Murano para sumergirte en el mundo del cristal, el verdadero brillo de Venecia, y comprar un inolvidable recuerdo de este bello lugar.